viernes, febrero 24

Tejido de mañana

Y me quedé ahí sentada, sintiendo como pasaban los minutos y yo sin poder reaccionar. Sabía que tenía que moverme, y rápido, si quería llegar a hacer todo lo que debía hacer.
Pero no pude. La fatalidad del tiempo y el pensamiento propio me tenían atrapada... Sin saberlo yo, estos habían creado una intrincada red de la que no veía una fácil escapatoria, pero que de tanto añorarla, llegué a descubrir que se trataba de mi memoria.
Una de mis personalidades, la Rebelde, pataleó, mordió y dió una dura pelea para intentar salir de ahí. Mientras que entre la Optimista y la Pesimista se debatían si iba a llegar a pensar en el presente y futuro, o, si siquiera valía la pensa intentarlo.
A medida que este alboroto se sucedía en mi interior, yo no dejaba de seguir enredándome en mi memoria, no salía de mi asombro al encontrar cada vez más arrepentimientos, culpas, peros, dudas, remordimientos... No podía creer que en tan sólo veinte años uno pudiese haber herido a otros, como a sí mismo de una manera tan fatal... Porque yo sabía que después de lo ocurrido en mi ya casi terminada adolescencia, no volvería a ser la misma.
Ahora, el quid del asunto recaía en si esto era bueno o malo, porque todos cambiamos, para bien o para mal, pero cambiamos al fin.
Qué sorpresa me llevé cuando descubrí que no había sido bueno este cambio, sino que de tanto mentir y ser traicionada, había desarrollado una suerte de coraza impermeable a la que solo tenían acceso aquellos a quienes confiaba mi vida.
Y así, sin más, me fundí con mis pensamientos, mi memoria, mis personalidades, mis tiempos, mi lástima por mí misma y todas mis inquietudes, en un profundo y vertiginoso sueño, del que sabía, alguien no iba a despertar.


24-II-2006
Maw.

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