Desde los acantilados del tiempo
desde los rincones remotos del desconcierto
desde el fondo impetuoso de una súplica
en el clamor espeso de una lágrima.
Despuntan tus dedos sobre mis pupilas tiesas
surcan tus uñas un cristal que desconozco
se zambulle tu lengua en un idioma nuevo
desfloras las pestañas de tu infancia.
Recae poco a poco tu nuca en mi tobillo
se besan, tu mar y mis orillos
abismales gritos contenidos en la aurora,
despunta el día en que tu vuelo se demora.
Ya no me busques, que no tengo las respuestas
ya no me llames, que no encuentro las miradas
ya no te quedes estacada a mi ventana
ya no me mires, desvestirme en las mañanas.
Besa ahora, en esta madrugada
mis pies de plomo, mis pupilas añejadas
embriágame de la sabiduría de tus poros
confiésate, ante la esclavitud de mis suplicios.
Retoma el vuelo, que lleva hasta su nido
busca en lo alto al caballero perdido
olvida la madre, que fue estaca en tu lecho
retiene, una a una, las mariposas de tu ombligo.
Te dejo aquí, al pie de las miradas
la llave de todos mis castillos
los eclipses, los soles, mis tormentas
te dejo incluso, el mar y mis anillos. . .
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