miércoles, febrero 20

Pecados mortales globalizados

Quien diga que la iglesia no actualiza su doctrina con los tiempos,
no conoce a Monseñor Gianfranco Girotti, director del penitenciario
apostólico, organismo que supervisa la confesión y las indulgencias
plenarias de la iglesia.

Según el órgano oficial del Vaticano,
"L'Osservatore Romano", Monseñor Girotti concluyó que la vieja lista de
pecados elaborada por el Papa Gregorio Magno en el siglo VI y
popularizada por Dante en La Divina Comedia, no bastaba para describir
los tiempos modernos.

A partir de ahora tenemos pecados capitales en los tiempos de la globalización.

"Uno
no ofende a Dios solo al robar, blasfemar, o desear la mujer del
prójimo, sino también cuando uno daña el medio ambiente, participa en
experimentos científicos dudosos y manipulación genética, acumula
excesivas riquezas, consume o trafica drogas, y ocasiona pobreza,
injusticia y desigualdad social", dijo Monseñor Girotti.

Ese infierno tan temido

La
nueva lista de Monseñor nos facilita un poco las cosas porque en vez
del tortuoso examen de conciencia de la confesión y la sinceridad del
arrepentimiento que debían hacer nuestros antepasados, basta con
consultar la revista Forbes para encontrar quienes van a poblar el
infierno.

De acuerdo con el ranking de super millonarios
publicado a principios de marzo por la revista, se puede anticipar que
allí se dirigen el inversionista Warren Buffet, campeón indiscutido hoy
en día en el rubro de las fortunas obscenas, el mexicano Carlos Slim,
número dos, y ese tercerón de Bill Gates.

Con el pecado mortal de
la contaminación ambiental habría que deslindar responsabilidades o
directamente enviar al infierno a la mayoría de los estadounidenses,
los grandes contaminadores del planeta, y también a los chinos, que si
siguen así no se van a salvar de las llamas.

Con los científicos es más fácil: si se dedica a la manipulación genética, derecho al infierno.

Creo
que los narcotraficantes nunca se hicieron ilusiones respecto a su
destino, pero el caso de los drogadictos me parece más complejo: ¿sería
justo que terminen en el infierno después de haberlo vivido en la
tierra?

¿No deberían tener una conmutación de la pena?

En fin, la doctrina eclesiástica está hecha de vaivenes y puntos oscuros, como el sexo de los ángeles.

Ni siquiera el infierno es un lugar seguro.

En 1999 el entonces papa Juan Pablo segundo había aclarado que no era un lugar sino una situación: el alejamiento de Dios.

El año pasado, el actual papa Benedicto XVI dijo que el infierno existe.

Y,
por lo que se ve, en estos tiempos de la globalización estará tan lleno
que pronto tendrán que construirle una sucursal para albergar a sus
nuevos reclusos.

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Mamma mía!

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